
Maracaibo - Estado Zulia
Por: Ibed Méndez Mariana Tello (2016) / Panorama
Noviembre
es un mes especial para todos los zulianos. Cada 18, la Tierra del Sol Amada festeja, con infinita devoción y amor, a nuestra patrona; la
Virgen Morena, María del Rosario de Chiquinquirá, nuestra Chinita. La
historia señala que a Chinita llegó a Maracaibo sobre las olas de
nuestro inmenso lago.
Existe
la creencia de que esta tablita pudo haber caído de algún barco que surcaba
nuestras aguas. El 18 de noviembre, cuando la mujer estaba colando café, se
percató que en la tablita había una Virgen, por lo que la colocó colgada en la pared.
Luego de un rato escuchó unos golpes como si alguien estuviera llamando. acercó para ver lo que sucedía y quedó asombrada ante el brillo que emanaba la imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá. Tras la conmoción gritó ¡Milagro! ¡Milagro! Los vecinos acudieron a la casa de la señora y corroboraron la existencia de la sagrada imagen.
Basíilica de Nuestra Señora de Chiquinquirá
Maracaibo - Estado Zulia - Venezuela
REFERENCIA:
Méndez, I. (2016). Conoce
la historia de la virgen de Chiquinquirá [Periódico en línea]. Disponible: http://www.panorama.com.ve/pitoquito/Conoce-la-historia-de-la-Virgen-de- Chiquinquira-20161111-0093.html
Virgen de Chiquinquirá
Cardenales del Éxito
Por: Luengo, José Manuel. (2015).
Aunque no existen registros sobre su paso por este mundo, a María
Cárdenas se le recuerda como una lavandera muy humilde, que vivía en la calle 5
de El Saladillo, una zona muy despoblada de la ciudad que para comienzos del
siglo XVIII, contaba con unas ocho mil almas. Apenas llegaba un buque de España
al año, por rareza dos. La ciudad era muy primitiva, solo tenía la catedral, la
plaza mayor y el convento.
El
historiador Juan Besson, en su libro Historia del Zulia, describió que un día
esplendoroso de 1709, la mujer acudió muy temprano al estuario para lavar la
ropa como muchas otras solían hacer hasta las 11:00 de la mañana. Mientras
restregaba un camisón llegó hasta sus pies una tablita, fina, de caoba. La
observó y la devolvió al agua con su mano, pero la tabla, de tres milímetros de
espesor, curiosamente regresó hacia ella.
Al
tomarla de nuevo se percató de unas
figuras confusas en su superficie y decidió llevarla a su vivienda, hecha de
barro y techos de palma, para tapar una tinaja llamada en la época
"matón", usada por los pobres para almacenar el agua de sus aljibes
improvisados.
Para
el historiador Adolfo Romero Luengo, en su obra La Madre de Dios en el
Zulia, María Cárdenas pasó también parte
de su vida moliendo cacao en un gran mortero. Era de caminar pausado por su
avanzada edad, cabello blanco y platicaba serena con las demás mujeres en el
lago.
Con el pasar de los días, se dio cuenta que las figuras eran más definidas.
Sobresaltada, no dudó en colgarla en la pared y rezó fervorosamente a la Virgen
María. Extrañados quedaron sus vecinos al ver tanta devoción de la mujer hacia
la madera rústica, casi deteriorada por el oleaje.
Nadie
sabe con exactitud cuánto tiempo estuvo flotando el retablo en el lago. Crónicas
orales relatan que la imagen proviene de un saqueo por parte de los piratas a
las embarcaciones del Nuevo Reino de Granada. Quizás uno de los malhechores, al
notar que no era valiosa, la arrojó al lago hasta ser hallada por Cárdenas.
La
noche del 18 de noviembre, mientras la viejita estaba en su aposento se escuchó
un ruido en la pared. Le restó importancia, pero los golpes fueron más
insistentes. Besson narra que con miedo,
María Cárdenas se fue aproximando hasta el corredor oscuro donde de
repente vio que de la tabla brotaron luces meridionales, similares a los
destellos de las auroras boreales, de colores resplandecientes que iluminaron
la precaria vivienda.
Sus ojos se maravillaron con la extraordinaria
revelación; se dibujó por completo la imagen de la virgen, con faz indígena y
color mestizo, cargando al Niño Jesús junto con San Antonio y San Andrés.
Uniendo sus manos temblorosas, cayó de rodillas y soltó su emoción gritando:
¡Milagro! “Gritó como queriendo tener testigos de un hecho del cual no podía
darse explicación alguna”, expresó el historiador Besson.
Alarmados
por la exclamación de la mujer, los vecinos fueron a verla y la encontraron
asombrada en la calle gritando ¡Milagro, milagro! Quienes la habían visitado
dieron fe a las autoridades civiles y eclesiásticas del deterioro del retablo y
que ahora tenía la silueta sagrada de María Santísima. Desde esa noche, su casa
se convirtió en centro de romerías piadosas e inexplicables milagros ocurrieron
a quienes con fe empezaron a venerarla.
Ante
la presencia divina de la Madre de Dios en Maracaibo, el clero y el
ayuntamiento resolvieron que la imagen no podía seguir en una zona tan
solitaria para su veneración y sería trasladada hasta la catedral. Abundantes
lágrimas corrieron por las mejillas de Cárdenas al ver que una procesión se
dirigía hacia su casa en la calle Milagro para separarla de la virgen.
Por orden del gobernador, dos caballeros, los
más distinguidos de la región, fueron los encargados de tomar la reliquia.
Cuenta el historiador Kurt Nagel Von Jess, que la carreta en la esquina de la
calle Ciencias con Milagro se detuvo cuando iba hacia la iglesia matriz porque
la imagen se volvió tan pesada que no hubo manera de trasladarla. Alguien entre
la multitud dijo que tal vez la virgen quería permanecer en el templo de San
Juan de Dios y enseguida el retablo recobró su peso.
Otra versión manejada por historiadores es que después de la muerte de Cárdenas, la comunidad llevó la tabla hasta la ermita de San Juan de Dios, que fue reconstruida por el coronel Francisco de la Rocha Ferrer y su sucesor Guillermo Tomás de Roo hasta convertirla en capilla mayor.
En
los documentos más antiguos de bautismo de la catedral quedó sentado el nombre
de tres mujeres que llamaron María Cárdenas, señala el padre Eleuterio Cuevas,
párroco de la Basílica. “Probablemente fue una de ellas quien tuvo la dicha de
hallar la tablita de la virgen. También se dice que quizás ella no estaba
identificada y que el nombre de María Cárdenas era de la mujer a la que servía.
Era de estrato muy humilde, sencilla, entre sus quehaceres estaba el envolver
la hoja de tabaco y lavar la ropa en el lago”, dijo el presbítero.
Tres siglos después de la aparición de la
Virgen Morena, las generaciones de esta tierra agradecen a María Cárdenas, la
confidente de la Virgen Chiquinquirá, que a pesar de la trascendencia del
milagro la sociedad de ese entonces no tomó en cuenta, pero de seguro se
encuentra en un lugar privilegiado en el cielo con su venerada Chinita.
REFERENCIA:
Luengo, José Manuel. (2015). Una mirada a María Cárdenas, la
confidente de La Chinita. [Periódico
en línea]. Disponible:
Consulta: 2017, enero 04

















